Terra N.3 – INVITADOS: Grisela Hernández

En Colombia la geología se ha desarrollado a través del tiempo, principalmente en las áreas energéticas, así como también en la exploración; tal y como lo hace el Servicio Geológico Colombiano (SGC) y la minería local. Sin embargo, ha dejado de lado o, mejor, apenas está incursionando en el área medioambiental y de riesgos. Estos son campos del conocimiento en donde el geólogo tendría gran importancia, por ser conocedor de los procesos de la superficie como del planeta. Más ahora, cuando es necesario dar la discusión en términos geológicos, sobre el denominado cambio climático y tomar las acciones necesarias al respecto.

También se requieren muchos más geólogos que laboren en la hidrogeología, disciplina poco explorada en el país, pero que de acuerdo con las políticas medioambientales del nuevo gobierno —que la tiene como uno de sus estandartes—, comenzará a ser cada vez más importante en nuestro territorio.

Otra área olvidada, en donde los geólogos podríamos tener gran preponderancia en su investigación, es la oceanografía; podemos aportar tanto en la oceanografía física, como en la oceanografía geológica. Ambas son disciplinas de gran relevancia para nuestra profesión; más si tenemos en cuenta que vivimos en un país con dos océanos y un total de 3.208 Km de costa. Es pertinente preguntarse: ¿cuántos geólogos pertenecen a la Comisión Colombiana del Océano (CCO), y cuántos participaron en el desarrollo de la Política Nacional de los Océanos de los Espacios Costeros (PNOEC)? Interrogantes que hacen evidente que es de vital importancia que el geólogo se integre a la investigación de nuestros océanos y costas.

Por su parte, en la gestión del riesgo el geólogo debe ser el primer profesional llamado a intervenir en el manejo de los macizos rocosos, que son causa principal de estas situaciones en muchas localidades del país. Este es un tema de vital importancia, pues concierne al cuidado de la vida. Por este motivo, el próximo gobierno deberá tomar un giro diferente en su gestión, donde los geólogos participaremos de acuerdo con la Ley 1523 de 2012, en la planeación, ejecución, evaluación y seguimiento de las acciones a llevar a cabo para la prevención de desastres naturales en el territorio nacional. 

En cuanto al tema minero la discusión es amplia, más que todo por la complejidad del sector. El geólogo debe intervenir de forma directa: completando el modelo geológico del yacimiento y evaluando la totalidad del proceso de exploración. Sin embargo, hoy por hoy, esto no sucede a cabalidad. Es necesario que las agremiaciones que nos convocan hagan el llamado a la Autoridad Minera (ANM – Agencia Nacional de Minería), para que el geólogo sea el profesional que evalúe todos los temas relacionados con la exploración. 

Ahora bien, en el sector minero-energético debemos participar en la restauración física y química de los proyectos en fase de cierre y poscierre: tanto de minería a cielo abierto que se han agotado, como de minería subterránea. También, y de acuerdo con el Decreto Único Reglamentario del Sector Administrativo de Minas y Energía (1073 de 2015), debemos hacernos presentes en campos petroleros, plataformas y en toda la infraestructura abandonada de los proyectos. Debido a que este decreto no especifica claramente cómo deben ser los planes de cierre de las actividades mineras, pues solo las toca tangencialmente, esta es, en sí misma, un área de fortalecimiento que será posible con la participación de nosotros, los geólogos. 

Otra área de suma importancia es la del ordenamiento territorial, regida por la Ley 388 de 1997. Esta Ley deberá modificarse pronto, dadas sus muchas falencias con el conocimiento actual, que ordena el territorio por cuencas hidrográficas y no por municipios. Es de vital importancia que el geólogo participe de forma obligatoria en la caracterización territorial, y en su planificación acorde con el ajuste de esta Ley.

Por último, cabe resaltar que en los temas ambientales el gremio geológico se ha posicionado en los últimos tiempos: hemos tenido dos ministros de Ambiente. Sin embargo, en la planificación de los proyectos, hoy por hoy es mínima nuestra participación; esta se reduce principalmente al diagnóstico geológico, hidrogeológico y geomorfológico, como componentes aislados y no integrativos en los proyectos. Esto se evidencia principalmente en las fallas de estabilidad que presentan las obras de infraestructura, pero también en el manejo del territorio y sector minero energético.

Para poder construir un escenario en donde los geólogos hagamos parte de las diversas áreas del conocimiento ya mencionadas, se requiere que nuestras agremiaciones se fortalezcan frente a las instituciones gubernamentales nacionales, departamentales y locales, para hacer ver la importancia de la participación de los geólogos en proyectos diversos. Pero también es necesario que las universidades ajusten y enfoquen sus programas académicos, hacia las diferentes temáticas en donde el geólogo deberá integrarse —de forma imprescindible— para el bienestar del país. 

GRISELA HERNÁNDEZ ROZO
Representante Asociación de Geólogos egresados de la Universidad Nacional (AGUNAL)
Tesorera Consejo Profesional de Geología

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