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Palabras escritas por el Profesor THOMAS VAN DER HAMMEN

En su funeral

Palabras escritas por el Profesor THOMAS VAN DER HAMMEN, para que fueran leidas durante su funeral en la Capilla Santa Clara del Bosque – Chía, Cundinamarca, 13 de marzo de 2010.

 

Queridos Todos,

Gracias por haber venido a celebrar la fiesta del nacimiento a la vida y la luz eterna.

El universo, la existencia, la vida y la muerte y la vida y Luz Eterna, nunca lo terminaremos de conocer y entender en su esencia; es un misterio de gran belleza.  Por eso, queridos hermanas y hermanos, gracias por haber venido a celebrar conmigo esta fiesta del renacer.

Quiero ante todo, pedirle a Dios y a todos ustedes, perdón por las ofensas, tristezas, faltas y negligencias que les pude haber hecho sufrir, a mis Padres, a Anita, a Tom, Clara y Cornelis, y a todas las personas presentes y ausentes , hermanas y hermanos, amigos, colegas, vecinos y a todos los animales y plantas, a quienes pude haber hecho daños innesesarios o hecho sufrir sin necesidad.

Perdónenme, todos, perdóname, Señor.

Lo que quiero es decirles a todos, es, que les he querido mucho, sin excepción, mucho más de lo que se pueden imaginar.

Pienso en el cariño, el amor, es la esencia del universo, de cierta manera la base de la existencia y de la vida.

En mi vida el amor hacia todo y todos, ha sido un fuego interior continuo, a veces casi devastador.

Amé a mis padres y hermanos, a los amigos y amigas de los primeros 27 años de mi vida, y quise mucho a este primer e inolvidable maestro del estudio y del amor de la naturaleza y de la espiritualidad, el maestro Bernink.  Cariño, amor, amor platónico y la mística de la presencia divina en todo.  En este primer tiempo esntró también Francisco de Asís en mi vida y yo me sentí católico de corazón.

El estudio de la historia de la Iglesia hace 2000 años hasta el día de hoy y la amrga experiencia de las múltiples divisiones y sectas, me convirtieron racionalmente.

El arte romanesco y medieval, la música sacra, la liturgia y la espiritualidd, me convirtieron el corazón.

Cristo en la cabeza, la iglesia el cuarpo místico indivisible, y nosotros todos somos Iglesia.

En Colombia, donde llegué hace cincuenta y nueve años, me enamoré de las selvas, los bosques de niebla y los páramos, y de la gente.  Puede realizar mis sueños religiosos y mis sueños de naturalista, en geología, biología y arqueología.

Encontré a Anita, me enamoré de ella, y comenzó nuestro amor.  Ella fue desde entonces el centro de mi vida, y espero seguir estando muy cerca de ella, hasta volevernos a encontrar un día en la luz eterna.  El amor profundo no tiene límites en el tiempo y el espacio: existe para siempre.

Los tres hijos que nacieron de esta unión, los he querido siempre profundamente, y les he querido pasar algo de lo más querido de las experiencias espirituales y lo que consideraba fundamental para la vida: lo contemplativo, la mística.  En un tiempo de profundos cambio en la sociedad y de las prácticas religiosas, era una tarea difícil, y si no lo logré bien, les pido perdón.

Tom, María Clara y Cornelis nos han dado siempre su cariño y hemos tenido la suerte de tener con ellos, su esposo y esposas, Carlos, Marianne y Arcadia y sus hijos María Camila, Ana Sabina, Ana Daniela, Manuela María, Pablo y Bárbara una relación muy cercana y maravillosa. Muchas, muchas gracias por toda la alegría y satisfacción que nos han dado.  Gracias también a tantos buenos colegas y alumnos, que he querido mucho.

Muchas otras cosas bellas me ha dado la vida, hacer y escuhar música, estudier y ver danza y ballet, ver y hacer escultura, ver pintura y experimentar la expresión profunda, la belleza y el amor dentro del arte.

Uan experiencia maravillosa en mi vida fueron las excursiones y expediciones al campo: estar en la naturaleza, en contacto con las plantas, flores, musgo, animales, rocas, fue siempre vida intensa y gozo inmenso.

Muchas de estas salidas las pude compartir con anita y con los colegas y amigois de siempre.  A ellos y ellas les quiero agradecer también su amistad sicnera y todo lo que me enseñaron.

La lucha por la conservación de esta maravillosa creación, la naturaleza ha sido siempre importante para mi, en Europa, donde mucho de lo que conocí en mi juventud desapareció, y en Colombia, donde también vimos desaparecer muchos bosques, selvas, páramos, humedales.  Han sido experiencias muy dolorosas ver desaparecer tanta belleza, tanta vida, con una rapidéz alarmante.  Ya no puedo hacer más, pero sé que muchos de mis colegas, amigos y alumnos más jóvenes, seguirán esta lucha, mejor de lo que yo lo pude hacer.

Mi vida en la tierra llegó ahora a su fin.  Fue una vida larga y bonita, vivida con mucha intensidad; sufrmientos profundos y gozos de gran intensidad; he vivido profundamente, he amado la vida, la gente, la Creación toda y su Creador.  He podido trabajar y estudiar lo que amaba: la naturaleza.  Y el misterio de la muerte es parte integral de la vida, de la naturaleza.

Fue buena mi vida y está bien que termine ahora; la via en la tierra continuará con los hijos y nietos, las generaciones incontables que siguen, y en cierta manera existen ya en ustedes.  Gracias a todos, por lo que ya ustedes me dieron en esta vida.  Gracias también a Francisco de Asís, Clara de Asís, a la Orden Franciscana seglar, y por haber podido hacer muchas visitas a Asís y la tierra de Francisco, por haberme podido sentir un hermanito menor.

Recuérdense, queridos hijos, nietos, amigos, vecinos, hermanos y hermanas, que ustedes están reunidos para celebrar la fiesta de mi “naciemiento a la vida eterna” o de la reunión con la luz perpetua que es Dios, creador, centro y esencia de todo el universo.

Cantemos pues, en esta celebración, con alegría de este Dios, de Cristo y de tantos otros, como Francisco y Clara y como Teresa de Calcuta, quienes con todo su amor, humildad y misericordia, fueron otros cristos y que son miembros esenciales y principales del verdadero cuerpo místico que es la Iglesia.

Gracias a todos y cantemos el cántico de las criaturas donde dice:

“Loado seas mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal”

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