Seleccione una Pagina

QUERIDOS FAMILIARES, AMIGOS, SEÑORAS Y SEÑORES

IN MEMORIAM POR CARLOS FERNANDO VESGA DAVILA

IN MEMORIAM
QUERIDOS FAMILIARES, AMIGOS, SEÑORAS Y SEÑORES

Acaba de partir para siempre, nuestro muy amado Jairo; se fue con él un hombre integro, apasionado y obsesivo por su trabajo, nuestro sentimiento es de perdida, una perdida lamentable para todos los que tuvimos la fortuna de conocer a un ser excepcional por sus altas calidades humanas y cualidades morales, un padre inmejorable, el mejor hermano e insuperable amigo.

 Jairo nos brindó toda su grandeza humana y trascendió por su actuar desinteresado, su bondad, su inagotable generosidad, su lealtad y honestidad; por la transparencia de su alma, su pensamiento puro y su forma directa de expresión, siempre ética, nunca mal intencionada.

Su espíritu afable, romántico y amante de la buena música, especialmente su amor por el Jazz, y su sentido del humor, estarán siempre latentes en nuestro recuerdo.

Todos los que le conocimos solo podemos recordarlo como un gran ser humano, entrañable amigo, siempre dispuesto a servir y a dar lo mejor de sí.

En su vida profesional fue un geólogo brillante, Jairo, recorrió y compartió con muchos de los presentes los parajes de la geografía Colombiana; el trabajo de campo fue su gran pasión, sus cualidades como geólogo e investigador, unidas a su carácter metódico, su disciplina, su alto nivel de compromiso y responsabilidad, lo sitúan en un lugar especial de la geología, igualmente su labor como formador siempre serán reconocidas.

Queridos amigos, gracias por su presencia, afecto y compañía para despedir a quien siempre estará presente en nuestro recuerdo y nuestro corazón.

Quiero compartirles apartes de un poema del poeta Darío Jaramillo que íntimamente describe a nuestro Jairo:

“El vivió tan intensamente los dos o tres instantes que hacen su vida, la vida, que la memoria había muerto y no tenía posibilidad de recordarlos: pero un estigma lo ataba a la certeza de que de algún modo aquellos instantes todavía eran suyos;

si me oyera, él no me permitiría que les hablara a ustedes de estas cosas, ni que mencionara sus enfermedades más secretas y constantes: la manía repetida de soñar despierto, la costumbre de cerrar los ojos para ver mejor  la soledad sin ahínco, la culpa que lo rodeaba como mar viscoso, la sospecha de la luz entrevista y de que él conservaba algo muy antiguo de él mismo, que no estaba manchado, que de algún modo permanecía inocente.

Él vivió tan intensamente los dos o tres instantes que hacen su vida, la vida, que a fuerza de hacerse querer olvidó que él amaba y esto lo supo también como para que no le hiciera daño”

Su hermano,
Carlos Fernando Vesga Dávila

0 Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*